viernes, 14 de febrero de 2014
martes, 4 de febrero de 2014
Sobre La bestia humana de Jean Renoir muestra del Realismo poético francés
Con
Emilio Zola nace el naturalismo literario y la responsabilidad social de los
escritores de involucrarse en la realidad transcendiendo con sus escritos comprometiéndose
con diferentes causas sociales.
En
su novela La bestia humana vemos como en medio del desarrollo tecnológico vivido
en Francia en la última década del siglo XIX la bestia que todos y cada uno de
nosotros llevamos dentro puede salir a flote, invitándonos a reflexionar sobre
el sometimiento del ser humano a una fuerza densa y oscura que nos llevaba a
cometer actos violentos.
Jean
Renoir logró adaptar cinematográficamente la novela de Zola trayéndola al siglo
XX, en un sector industrial, en un momento en el que el fantasma de la Primera
Guerra Mundial parecía haber desaparecido para dar paso a la peor confrontación
bélica que ha conocido la humanidad.
Renoir
muestra a Lantier, maquinista de una locomotora en un pueblito francés, un
hombre caracterizado por su soledad y que circunstancialmente es testigo clave
en un asesinato perpetrado por Roubaud, misógino y violento jefe de estación
del ferrocarril y su esposa , Séverine, mujer caracterizada por su infidelidad,
de la que termina enamorándose.
La
vida casi deshumanizada de Lantier como operario de la locomotora que
constituye su felicidad se ve alterada cuando el amor que siente por Séverine
muta en un iter criminis para dar muerte a Roubaud, Renoir conserva el tinte
naturalista de Zola enfatizando en la visión poética y como espectadores
llegamos a involucrarnos en las circunstancias y angustias de cada uno de ellos.
Los
dramas vividos por los protagonistas evidencian problemas que subsisten hasta
el día de hoy en medio de la modernidad trastornos mentales (Lantier), la
infidelidad (Séverine) y la violencia (Roubaud) y son escondidos en los entornos
virtuales negando la realidad.
lunes, 3 de febrero de 2014
Sobre la Rosa purpura del Cairo de Woody Allen
Varias conclusiones se desprenden de esta
película:
La sociedad media estadounidense enfrascada en la
gran depresión perfectamente retratada en el matrimonio de Cecilia y Monk, en
esta pareja se vislumbra el papel de la mujer trabajadora, maltratada y el
hombre, víctima de la crisis y el desempleo, que traduce su frustración en
violencia, infidelidad y machismo. En contraste la ostentación de la clase
burguesa característica de la época dorada de Hollywood de los años veinte
viviendo en medio del lujo y la vanidad aunque el país se cayera a pedazos.
La industria del cine estructurada e intrincada
con diferentes elementos donde cabe resaltar la referencia expresa al papel de
los abogados y los sindicatos de actores.
El enfrentamiento de la realidad y la ficción,
donde Cecilia en su miserable vida y en la medida de sus posibilidades gracias
al cine evade sus circunstancias y un día común ve transformado su ya
trastornado entorno con su encuentro con Tom dando paso a un romance infantil y
casi idílico.
En medio de la trama se vislumbran otras
oposiciones como la de los productores y los actores y la de los actores y sus
personajes constituyéndose en una crítica entre líneas a la rigurosidad del
cine de la década del 20.
Finalmente es impresionante como se muestra al
personaje de Tom como un ser sincero y justo en contraposición al de Gil, el
actor que lo caracteriza, un manipulador mentiroso que finge amor por Cecilia
para lograr su propósito egoísta alejándola de Tom para después abandonarla de
nuevo en su patética vida y caer en el círculo trágico de someter su propia
vida a una fantasía.
sábado, 25 de enero de 2014
Viernes en la noche
Les comparto esta publicación de mi amigo Julián Silva:
Las luces brillaron frenéticas en el table dance el viernes por la noche. Cierto conocido se casará en cuatro semanas. Ella es una chica bella y tierna y él comercia con el futuro de la humanidad en algún país industrializado de la vasta Sudamérica. “Tengo miedo de perder todo esto”, me confesó. “¿Todo esto?”, pregunté. “¡Sí, toda esta libertad!”, respondió.
Las farolas de la calle son estrellas
novas el viernes por la noche y la luna brilla la ausencia de aquellos a
quienes un día amamos. Mi chica se fue hace mucho y la prometida de cierto
conocido lo ama a pesar de él mismo. La prometida no sólo es hermosa, irradia
la sensualidad tranquila e inteligente propia de las mujeres seguras de sí
mismas. Él disfruta de los vellocinos de rímel y el aromatizante de vainilla.
La suya es una casa donde habita el sexo de artificio y las risas borrachas
saben a vino de azúcar con miel.
La más hermosa de las vedettes se parecía
a una chica de la que estuve enamorado en la universidad. Nunca tuve el valor
de confesárselo pero lo hice con la vedette. “Te amo”, le dije creyéndolo de
veras. Ella me sonrió y comprendí que las chicas de la noche valen tanto como
aquellas a las que presentas a la hora del almuerzo en la casa de tu madre.
La prometida de cierto conocido me vuelve
loco y quisiera confesarle mi amor antes de cuatro semanas. La vedette rechazó
mi invitación a salir porque los clientes no siempre tienen la razón. En mi
mente, la mujer perfecta viene con el rostro de la vedette y la sensualidad e
inteligencia de la prometida.
Cierto conocido me confesó que ama a una
mujer diferente a su futura esposa. No se casará con ella porque es pobre y
vive en un barrio oscuro y humilde. “Preséntamela a mí que también soy pobre”,
le dije. Amenazó con utilizar sus influencias para destruirme si me atrevo
siquiera a buscarla. Sabiéndolo poderoso y con tanto dinero, le pedí perdón y
seguimos siendo amigos. Pasó el brazo por mi hombro y me dijo que tenía el alma
borracha de tanta alegría. Eructó y pagó un baile privado. Se alejó con una
muñeca de la noche y desapareció detrás de una puerta con biombos y lentejuelas
de oro.
Extraño a mi antigua chica en noches como
esas. Solíamos ver películas y comer papas fritas en la cama los fines de
semana. Yo era de esos tipos a los que los borrachos de los bares miran con
envidia porque lleva a una hermosa mujer de la mano. Pero mañana será jueves y
la vedette saldrá conmigo después de insistirle siete veces. Tomaremos un par
de tragos y veremos películas de acción en mi casa. Le diré que la amo y la
amaré de verdad hasta el fin de semana siguiente cuando le confiese mi
verdadero amor a la prometida del conocido y le pida que se fugue conmigo. En
un mundo perfecto aceptaría, pero si respondiera NO, tampoco estaría del todo
mal.
Fuente: Editorial Zenú
viernes, 13 de diciembre de 2013
domingo, 8 de diciembre de 2013
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