miércoles, 5 de marzo de 2014

Sobre La infancia de Iván de Andréi Tarkoksy muestra del Cine Soviético


Luego de observar el filme puedo concluir lo siguiente:

·       Sí bien la producción se realiza después de 17 años de la toma de Berlín por parte del ejército rojo soviético y 9 años después de la muerte de Stalin se percibe aún el condicionamiento de poner el arte al servicio de las ideas socialistas.

·       En medio de la guerra fría se desarrollaba un amplio afán de propagación de las ideas socialistas al hemisferio occidental por parte de la Unión Soviética y la historia de Iván puede enmarcarse indirectamente como una muestra de nacionalismo, sin embargo cabe anotar que luego de revisar algunas entrevistas al director Tarkovsky esté afirma que su intención no fue la de magnificar la gran guerra patria de la URSS en contra del III Reich.

·       El presupuesto y la financiación de la realización de la película es de naturaleza pública y estaba enmarcado por las leyes culturales soviéticas, entendiendo con ello que el estado socialista monopolizaba todos los medios de producción incluidos los medios de comunicación siendo el cine en extremo importante por llegar a las grandes masas.

·       Se enseña una representación verídica de la realidad como lo es el costo humano de la guerra, la violación de los protocolos de Ginebra por parte del ejército nazi, el genocidio del pueblo soviético por parte de los alemanes, las torturas y los campos de concentración del III Reich, las vicisitudes del ejército rojo soviético, el amor y la ternura en medio de la guerra mostrado por capitán Jolin a Iván, el papel de la mujer en la guerra representado por María, el deseo de venganza y férrea voluntad de Iván, y la magistral inclusión de fragmentos reales de la ocupación de Berlín por parte de los soviéticos, imágenes de los cuerpos muertos de Goebbles[1] y su familia junto con las imágenes de la entrega de Berlín por parte del General Weidling[2] a los soviéticos.

·       Finalmente se evidencia un apoteósico manejo del montaje y coordinación de todos los elementos de la representación, en escenarios imponentes, con un impecable manejo de sombras.




[1] Paul Joseph Goebbels (Rheydt, Alemania; 29 de octubre de 1897 - Berlín, Alemania, 1 de mayo de 1945) Ministro de Propaganda del III Reich, amigo íntimo de Adolf Hitler.
[2] Helmuth Otto Ludwig Weidling (Halberstadt, Alemania 2 de noviembre de 1891 - Siberia, URSS, 17 de noviembre de 1955), General de Artillería y Comandante del Cuerpo LVI de Tanques del III Reich dirigió la defensa de Berlín durante la última etapa de la ofensiva soviética sobre Alemania, rindió la ciudad el 2 de mayo de 1945, dos días después del suicidio de Adolf Hitler.
Severo artículo de Julián Silva:

Torquemada fue el monstruo más grande que parió la fe cristiana desde la muerte de Jesucristo. Él solo, a la cabeza de la Santa Inquisición, quemó, desmembró, decapitó y ahogó a más de cien mil hombres, mujeres y niños en nombre de la iglesia Cristiana. Mi primo Iván quería convertirse en sacerdote como Torquemada. La abuela Leonor estaba fascinada con la idea. El abuelo Bracca temía lo que el fanatismo de su esposa pudiera hacer con la cabeza impresionable del muchacho. No había olvidado la revolución instigada por el sacerdote Simón Alcibíades en mil ochocientos cincuenta y siete, una de las más sangrientas de mi país, convertida luego en guerra y después en masacre por aquellos que blandieron la espada roja de la venganza institucional. En la misa de cierto domingo, desde el púlpito de la iglesia, el sacerdote Alcibíades instó una multitud, de por sí borracha de aguardiente e ignorancia, a enfrentar con el mismo Dios vengativo del antiguo testamento al grupo de inmigrantes protestantes que se reunían en el club social a jugar a las cartas y hacer negocios. La mayoría de ellos venía de Alemania e Inglaterra. Tenían el dinero de la quina, el caucho y el mimbre que exportaban a sus países de nacimiento. Los extranjeros vivían con libertades que los nativos no conocían. Tenían fiestas en donde tocaban el piano, celebraban orgías y bailaban música estridente hasta la tarde del día siguiente. Pero en este lado del mundo la religión comandó la mente y corazón de presidentes, militares y populacho en general. El temor a un Dios vengativo e implacable lo heredamos de la España oscurantista de mil cuatrocientos noventa y dos. Gente como Simón Alcibíades acució a los

héroes furiosos de la patria desde mil ochocientos diez a despanzurrar campesinos por lo alto y ancho del continente.

Aquel domingo de la segunda mitad del siglo diecinueve, desde el púlpito de la iglesia, el sacerdote Simón Alcibíades habló del pecado, la moralidad y degeneración de los invasores extranjeros. Habló de la salvajada de los cruzados, pero se refirió a los árabes y no a los verdaderos invasores que fueron los franceses. Mencionó también la incursión de los musulmanes a España y a casi todo el continente desde el siglo octavo después de Cristo. Decía todas éstas para despertar al demonio que llevamos todos por dentro, polvorín siempre a punto de reventar desde el principio de los tiempos, y ellos, carne de cañón sin nombre, gritaban y eructaban y esperaban salir pronto de allí para inundarse la jeta con guarapo y aguardiente e ir al club social de los extranjeros y enseñarles lo que era la verdadera furia redentora de Cristo.

No se escuchaba una gritería semejante desde la última de las independencias en el año diecinueve. Alegría homicida se respiraba en el aire. Las mujeres colgaban rosarios en el cuello de sus maridos para santificar la retaliación que pronto consumarían. El Diablo andaba suelto en las calles. Olía a cebolla, carne frita, azufre y asesinato. Los niños gritaban felices detrás de los verdugos. La perruna hambrienta ladraba desde sus flacos vientres y los agentes del orden se escondían donde no pudieran encontrarlos.

El almacén de los hermanos Donatto cayó de primero. La turba le prendió candela con todo y hermanos y tres dependientes que trabajaban allí. Luego le siguió el club de los comerciantes, y entonces ambos bandos se dieron a la tarea de extinguirse con los hierros forajidos. El incendio del club se extendió hasta la armería del alemán Kropp y el mercado del nacional Ferreira. Un agitador con ínfulas políticas llamado Santa habló en nombre de los campesinos y se adjudicó la tarea de liderarlos. De repente la cuestión se hizo política y el partido de la iglesia y el de los liberales repartió armas de fuego y machetas y la guerra dio inicio. Cuando hay guerra puedes descabezar a tu rival sin que la justicia te lleve preso.

Las elecciones presidenciales se acercaban y con ello la oportunidad de aclarar cuentas con el más duro oponente. Así fue como la revuelta llegó a otras ciudades, y luego a la capital, y entonces el ejército tomó partido y el presidente ordenó cese al fuego y alguien le disparó y por poco le dan en la cara. Se declaró la guerra a la mitad del territorio nacional y la otra mitad respondió con plomo, llanto y sangre.


A esta revuelta se le llamó La guerra de los dos años porque al final se convirtió en más que una revuelta y duró poco más de setecientos días. El partido de la iglesia ganó y la mayoría de los extranjeros regresaron a su país de origen. El sacerdote Simón Alcibíades alcanzó el obispado y murió en una cama caliente a la edad de ciento tres años.

martes, 4 de marzo de 2014

Torquemada - Relato

Severo artículo de Julián Silva:


Torquemada fue el monstruo más grande que parió la fe cristiana desde la muerte de Jesucristo. Él solo, a la cabeza de la Santa Inquisición, quemó, desmembró, decapitó y ahogó a más de cien mil hombres, mujeres y niños en nombre de la iglesia Cristiana. Mi primo Iván quería convertirse en sacerdote como Torquemada. La abuela Leonor estaba fascinada con la idea. El abuelo Bracca temía lo que el fanatismo de su esposa pudiera hacer con la cabeza impresionable del muchacho. No había olvidado la revolución instigada por el sacerdote Simón Alcibíades en mil ochocientos cincuenta y siete, una de las más sangrientas de mi país, convertida luego en guerra y después en masacre por aquellos que blandieron la espada roja de la venganza institucional. En la misa de cierto domingo, desde el púlpito de la iglesia, el sacerdote Alcibíades instó una multitud, de por sí borracha de aguardiente e ignorancia, a enfrentar con el mismo Dios vengativo del antiguo testamento al grupo de inmigrantes protestantes que se reunían en el club social a jugar a las cartas y hacer negocios. La mayoría de ellos venía de Alemania e Inglaterra. Tenían el dinero de la quina, el caucho y el mimbre que exportaban a sus países de nacimiento. Los extranjeros vivían con libertades que los nativos no conocían. Tenían fiestas en donde tocaban el piano, celebraban orgías y bailaban música estridente hasta la tarde del día siguiente. Pero en este lado del mundo la religión comandó la mente y corazón de presidentes, militares y populacho en general. El temor a un Dios vengativo e implacable lo heredamos de la España oscurantista de mil cuatrocientos noventa y dos. Gente como Simón Alcibíades acució a los

héroes furiosos de la patria desde mil ochocientos diez a despanzurrar campesinos por lo alto y ancho del continente.

Aquel domingo de la segunda mitad del siglo diecinueve, desde el púlpito de la iglesia, el sacerdote Simón Alcibíades habló del pecado, la moralidad y degeneración de los invasores extranjeros. Habló de la salvajada de los cruzados, pero se refirió a los árabes y no a los verdaderos invasores que fueron los franceses. Mencionó también la incursión de los musulmanes a España y a casi todo el continente desde el siglo octavo después de Cristo. Decía todas éstas para despertar al demonio que llevamos todos por dentro, polvorín siempre a punto de reventar desde el principio de los tiempos, y ellos, carne de cañón sin nombre, gritaban y eructaban y esperaban salir pronto de allí para inundarse la jeta con guarapo y aguardiente e ir al club social de los extranjeros y enseñarles lo que era la verdadera furia redentora de Cristo.

No se escuchaba una gritería semejante desde la última de las independencias en el año diecinueve. Alegría homicida se respiraba en el aire. Las mujeres colgaban rosarios en el cuello de sus maridos para santificar la retaliación que pronto consumarían. El Diablo andaba suelto en las calles. Olía a cebolla, carne frita, azufre y asesinato. Los niños gritaban felices detrás de los verdugos. La perruna hambrienta ladraba desde sus flacos vientres y los agentes del orden se escondían donde no pudieran encontrarlos.

El almacén de los hermanos Donatto cayó de primero. La turba le prendió candela con todo y hermanos y tres dependientes que trabajaban allí. Luego le siguió el club de los comerciantes, y entonces ambos bandos se dieron a la tarea de extinguirse con los hierros forajidos. El incendio del club se extendió hasta la armería del alemán Kropp y el mercado del nacional Ferreira. Un agitador con ínfulas políticas llamado Santa habló en nombre de los campesinos y se adjudicó la tarea de liderarlos. De repente la cuestión se hizo política y el partido de la iglesia y el de los liberales repartió armas de fuego y machetas y la guerra dio inicio. Cuando hay guerra puedes descabezar a tu rival sin que la justicia te lleve preso.

Las elecciones presidenciales se acercaban y con ello la oportunidad de aclarar cuentas con el más duro oponente. Así fue como la revuelta llegó a otras ciudades, y luego a la capital, y entonces el ejército tomó partido y el presidente ordenó cese al fuego y alguien le disparó y por poco le dan en la cara. Se declaró la guerra a la mitad del territorio nacional y la otra mitad respondió con plomo, llanto y sangre.


A esta revuelta se le llamó La guerra de los dos años porque al final se convirtió en más que una revuelta y duró poco más de setecientos días. El partido de la iglesia ganó y la mayoría de los extranjeros regresaron a su país de origen. El sacerdote Simón Alcibíades alcanzó el obispado y murió en una cama caliente a la edad de ciento tres años.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Sobre El halcón maltés de John Hudson muestra del Cine negro norteamericano


En ésta película percibí una intención realista pero sustancialmente diferente a las otras dos manifestaciones estudiadas anteriormente (Cine Clásico de Hollywood y el Neorrealismo Italiano), en esta ocasión el propósito es la narración de las circunstancias de los personajes caracterizados por no pertenecer a una ideología concreta ni perseguir un fin altruista, social o documental.

Vi en Sam Spade a un detective inescrupuloso y ambicioso, en Ruth Wonderly - Brigid O’Shaughnessy a una fémina mentirosa, suplantadora con rasgos de mujer fatal, y en Kasper Gutman, Joel Cairo y Wilmer a una trilogía de criminales organizados.

Las ideologías y valores quedaron sometidos al crimen sin ningún otro móvil más allá que el dinero y sin ninguna lección moral para el espectador; no se evidenció claramente una división entre el héroe y el antihéroe o representantes del bien o del mal.

En la búsqueda del Halcón Maltés encontré una trama intrincada de homicidios, perfidias y mentiras mostradas como cotidianas y corrientes propias del ecosistema mezquino de las investigaciones privadas, la delincuencia y el trato con las autoridades de policía en las calles de San Francisco.

Otras relaciones encontradas entre el filme y las características del cine negro son:

·      Luces cenitales y sombras que magnifican el ambiente sórdido y mentiroso.
·      Planos a contraluz y claroscuro que enaltecen el misterio de las escenas y los diálogos.
·      Encuadres en planos picados y contrapicados con ángulos bajos.
·      Ambientación en locaciones cerradas y acciones en horas de la noche.

martes, 25 de febrero de 2014

Sobre Roma ciudad abierta de Roberto Rossellini muestra del Neorrealismo italiano


En julio de 1999 tuve la oportunidad de visitar El Museo Estadounidense Conmemorativo del Holocausto[1] y conocer de primera mano la realidad de la persecución y el asesinato sistemático de millones de judíos por parte del llamado III Reich y sus militantes, todo ello fundamentado en la creencia de los alemanes de ser una “raza superior” y considerar a los judíos como una de naturaleza “inferior”, categoría en la que fueron encasillados otros pueblos europeos, situación que hasta nuestros días ha sido desmentida por los denominados negacioncitas de dicha depravación.

Gracias a los documentos fotográficos y fílmicos que fijaron las atrocidades pudimos conocer esa realidad, desmentir la negación y reflexionar sobre el autoritarismo.

En Roma ciudad abierta Roberto Rossellini documentó con crudeza la ocupación alemana en Italia, narrando en forma de arte los acontecimientos acaecidos en medio de la invasión teniendo en cuenta sucesos reales como el maltrato y fusilamiento del presbítero católico Giuseppe Morosini[2].

Algunas de las relaciones encontradas entre el filme y la teoría del llamado movimiento del Neorrealismo Italiano son:

·       La filmación teniendo como locación la ciudad devastada verdaderamente por la guerra, prescindiendo del estudio, en un contexto miserable, con pobreza, inflación, bombardeos y toque de queda.

·       Las actuaciones fieles a la miseria humana vividas por la población civil.

·       Los actores que rompen con el estereotipo de Hollywood y se muestran más cercanos a los espectadores pareciendo ser las víctimas mismas de los opresores que cuentan en tiempo real su tragedia.

·       La responsabilidad ética y moral por parte de los productores de mostrar la invasión nazi tal y como pasó sin incluir elementos fantásticos o imaginarios con el afán de contar la verdad de la atrocidad germana, resaltar la lucha de las guerrillas partisanas en frentes urbanos y rurales, mostrar el rechazo de una parte de la iglesia católica a la guerra, enseñar el retrato de los ancianos, mujeres y niños en medio del conflicto y resaltar la voluntad férrea de los opositores que soportaron hasta la muerte con la esperanza de ver a su patria liberada del yugo hitleriano.

·       La reseña de la actitud de muchos italianos partidarios del imperio maligno que a la semejanza de la cacha de un hacha, madera traicionera que sirve para matar a los de su propia especie, aceptaron a los invasores y oprimieron a su propio pueblo.

·       La muestra de momentos puntuales como el bombardeo nocturno, la muerte de Pina estando en cinta, por parte de las SS en frente de la población civil, en especial de su prometido Francesco y su hijo Marcello, la tortura de Marcello Pagliero, y el fusilamiento del padre Pietro Pellegrini a la vista de los niños, como testimonios de la humillación y el sometimiento, no dando lugar a la imaginación sino a la realidad.

·       La evidencia una paradoja respecto de la supremacía aria donde de un lado el mayor Bergmann, oficial de mediana edad representa el pleno convencimiento de las verdades absolutas del universo hitleriano y de la otra, el capitán Hartmann, oficial curtido en la desgracia de la conflagración, que reconoce los errores cometidos, el envanecimiento del odio y la desesperanza.





[2] Partisano, miembro de la resistencia italiana contra el régimen nazi, torturado son resultados en búsqueda de información sobre los cabecillas rebeldes y fusilado por el ejército alemán el 3 de abril de 1944.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Sobre El crepúsculo de los dioses de Billy Wilder muestra del Cine clásico de Hollywood


Luego de ver la película me atrevo a afirmar que se constituye en una pieza casi costumbrista que retrata con detalle el entorno de la industria cinematográfica de Hollywood y los rasgos característicos del Sistema de Estrellas imperante durante la primera mitad del Siglo XX.

El personaje de Norma Desmond me permitió construir una idea clara de la importancia que tuvieron las estrellas durante ese periodo de cincuenta años que abarcó entre 1910 y 1960, detalles como la gran mansión con piscina, la decoración, el automóvil antiguo y lujoso, el vestuario, el servilismo del criado, los modales, los altos salarios, estilo de vida hedonista y narcisista, retratan la opulencia de estos actores comparable a la de la realeza. Entendiendo sin embargo que estos interpretes para llegar a la cima debían tener una estricta formación que abarcaba estudios en disciplinas tan variadas como arte dramático, dicción y baile; sorteando estrictos procesos de selección sometidos a estructuras jerarquizadas de productores, directores y propietarios de los estudios.

Se vislumbra la complejidad de las producciones y toda la cadena de valor cinematográfica, iniciando con la construcción de la historia, en la que Gillis y la Señorita Schaeffer ejemplifican la génesis creativa de la ideas y la preparación guiones mostrando que en el citado periodo clásico los textos eran pieza fundamental para la ejecución del proyecto fílmico y no existía el más mínimo espacio para la improvisación.

En la visita a los emblemáticos Estudios Paramount pude identificar la disciplinada organización técnica, equipos de iluminación, grabación, platos, luces, electricidad, vestuario y el numeroso talento humano involucrado en ello y los estrictos procesos desarrollados como si se tratase de una intervención quirúrgica.

Entre líneas pude comprender el sustento jurídico evidenciado y el sentamiento de paradigmas que aun subsisten en la actualidad como son los contratos de mandato de los representantes, los conflictos de intereses y la intrincada superestructura de múltiples negocios jurídicos subyacentes y soluciones a problemas de orden presupuestal dado lo monumental de las producciones.

Es importante resaltar que en el filme se narra con crudeza la obsesión por la belleza, que incluía desde tratamientos invasivos para adelgazar hasta cirugías estéticas, buscando satisfacer el estereotipo propio de ese estadio histórico, se denuncia la desgracia de la vejez de estos personajes idealizados como eternos quienes no gozaban del derecho a envejecer por encontrarse encasillados en la categoría de dioses griegos, mostrando así mismo la miseria humana propia de los espectadores comunes y corrientes astutamente maquillada.

En el desarrollo se toca tangencialmente lo referente al fenómeno de los fanáticos y el periodismo amarillista.

Se percibe también la crítica respecto del tratamiento a los actores en decadencia de la etapa del cine mudo y la coyuntura que significó que muchos de ellos fueren desechados y pocos pudieron adaptarse al cine sonoro .

Finalmente puedo anotar que apareció cierto suspenso sicológico ayudado por el papel de narrador de Gillis utilizando recursos como la analepsis conectando diferentes momentos presentes y pasados, y que fue magistralmente culminado con su asesinato y la escena del cadáver flotando en la piscina.


Concluyo  con una opinión muy personal respecto de la capacidad de autoengaño y la burbuja de mentira en la que las estrellas vivían constituyéndose prácticamente en un trastorno de la realidad comparable con una enfermedad mental y que hoy sigue presentándose con los actores actuales creando una barrera casi física con los espectadores.